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domingo, 4 de marzo de 2012

México D.F. dice adiós a los taxis 'vochos'

Fuente: Motorpasión
Taxis Volkswagen Escarabajo
En la capital de México, el taxi Volkswagen Beetle (conocido en nuestro entorno como Escarabajo o Cucaracha, y Vocho para los mejicanos) es todo un icono que está a punto de perderse. En los últimos años, los vochos han ido dejando paso al relevo generacional, y ahora quedan unas 3.500 unidades pendientes de cambio de los 138.000 taxis que se mueven por el área metropolitana.
La contaminación de la capital mejicana es una de las razones que tienen que ver con este relevo. También se ha producido una reforma legislativa que obliga a que los vehículos destinados al transporte público tengan una antigüedad máxima de 10 años. El viejo Vocho dejó de fabricarse en 2003, así que estos taxis tienen los días contados mientras se incentiva el cambio con un programa de financiación impulsado por el gobierno de la ciudad.
La nueva normativa recomienda que los taxis tengan al menos cuatro puertas y un maletero. En los Volkswagen Beetle tan sólo hay dos puertas, lo que conlleva una evidente dificultad de movimientos para el pasaje, aunque todo tiene su encanto. En su momento, los vochos se consideraron ideales para formar parte de la flota del taxi por su durabilidad. Y ahora esa durabilidad llega a su fin.
Foto | La Patilla

jueves, 23 de junio de 2011

Japón, 3 meses después

Continúa la inmensa tarea de retirar las montañas y montañas de escombros tras el terremoto y el tsunami que azotaron Japón hace tres meses y se cobraron cerca de 30.000 vidas. Es admirable el progreso que se ha hecho en tan poco tiempo, aunque todavía queda mucho trabajo, y uno de los mayores problemas es que aún no se sabe qué hacer con la enorme cantidad de materiales que se deben extraer.

lunes, 31 de marzo de 2008

Las cabañas abandonadas de Scott y Shackleton

 

Sobre las estanterías han quedado las conservas de carne, repollo y los botes de cacao. El frío los ha conservado intactos durante casi cien años. Aquí y allá se amontonan las velas, los botes de harina y las latas de aceite para lámparas. Camino del Polo Sur, las expediciones encabezadas por sir Robert Scott y sir Ernest Shackleton dejaron estas provisiones con la esperanza de regresar algún día. Por circunstancias bien diferentes, ninguno de los dos pudo hacerlo. (Seguir leyendo) (English)
1. La cabaña de Sir Robert Scott
Situada en el lado norte del cabo Evans, en la Isla de Ross, la cabaña de Robert Scott fue el último lugar en el que él y otros cuatro compañeros se alojaron antes de partir hacia el Polo Sur. Murieron durante una tormenta meses más tarde, cuando regresaban del polo con la desolación de saber que Amudsen había llegado antes que ellos.
Cien años después, en esta cabaña perdida en la Antártida, algunas de las pertenencias de Scott y sus hombres permanecen tal y como las dejaron. Los camastros donde dormían o la mesa donde hicieron su última comida antes de partir hacia la muerte, siguen esperando en su sitio como si el tiempo no hubiera pasado.
En las estanterías hay galletas, botellas de licor y grandes reservas de sirope y mostaza. En el laboratorio improvisado por el fotógrafo de la expedición, hay unas cuantas fotos colgadas a secar, como esperando a que alguien les dé el visto bueno. Unos metros más allá, en la entrada de la cabaña, se conserva un cajón lleno de huevos de pingüino que los hombres de Scott recogieron con la intención de transportarlos a Gran Bretaña.
Exceptuando el breve paso de Shackleton por aquí (camino a su propia odisea) la cabaña ha permanecido abandonada durante años. En 1956, una expedición estadounidense decidió desenterrarla de la nieve y desde entonces, a pesar de que algunas personas se han llevado objetos como recuerdo, casi todo ha permanecido más o menos como estaba.
En los últimos años las autoridades neozelandesas y británicas han puesto en marcha un plan para evitar que este lugar histórico se siga deteriorando, ya sea por el paso de los visitantes o por la acción de los hongos, que están devorando algunas de las pertenencias dejadas por los expedicionarios.
2. La cabaña de Sir Ernest Shackleton
En enero de 1908, Ernest Shackelton emprendió la segunda de sus míticas expediciones antárticas con la intención de alcanzar el polo sur geográfico. Durante su larga estancia en la Antártida, los hombres de Shackleton construyeron una casita de madera en el Cabo Royds, unos 40 kilómetros al norte de la cabaña de Robert Scott.
En este lugar, la sensación de que sus inquilinos se acaban de marchar es aún más viva que en la cabaña de Scott. Las botas y la ropa de los hombres siguen colgadas de las cuerdas, hay restos de comida sobre una sartén y pedazos de pan sobre la mesa.
Cada uno de los rincones de esta cabaña esconde una pequeña historia, un detalle de la vida de aquellas personas que se jugaban la vida por alcanzar un sueño. Si uno se esfuerza un poco, puede encontrar alguna joya entre los bártulos congelados, como esta firma de Shackleton sobre una de las cajas.
Al igual que la cabaña de Scott, este lugar está incluido en la lista de World Monuments Watch, como uno de los patrimonios culturales que podrían perderse en breve si no se hace un esfuerzo para conservarlos. El plan de recuperación consiste en la restauración de las cabañas, que están muy dañadas por el peso de la nieve, y la restauración y sustitución de muchos de los objetos, que ya están siendo trasladados.
Más: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7
Ver también: El hombre que miraba los hielos
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Fuente: Fogonazos

domingo, 16 de marzo de 2008

Fogonazos: Más abandonos

 
  • Aeropuertos fantasma
  • Buceando entre tanques
  • Mazinger en Tarragona
  • La base submarina
  • La piscina
  • Bajo el hielo
  • El escuadrón perdido
  • Un piano en la cumbre
  • La decadencia de Occidente
  • Bajo el suelo
  • Cementerio de cabinas
  • Faro enterrado en la arena
  • Derrelictos en Alaska
  • Fantasmas en la luna
  • El cementerio marino
  • El circuito fantasma
  • El gigante oxidado
  • Avión enterrado en la arena
  • Playas-fantasma de Mauritania
  • El American Star
  • El autódromo de Sitges
  • El último autocine
  • Centralia, la boca del infierno
  • Paricutín, la iglesia que sobrevivió a la lava
  • Esqueletos bajo el Ártico
  • El desastre de Salton sea
  • Cementerio de libros
    >
  • Kolmanskop, la ciudad devorada por la arena
  • Cementerio de anclas
  • Fuente: Fogonazos

    Fogonazos: Geografías del Olvido

    Geografías del olvido


    Anoche, por centésima vez, me dormí en esta isla vacía … Me dormí tarde y la música y los gritos me despertaron a la madrugada … los pajonales de la colina se han cubierto de gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta…
    La invención de Morel, Adolfo Bioy Casases

    El paisaje de las ruinas es el paisaje de los sueños. Allí entrábamos de niños y allí soñábamos con otras vidas, seres imaginarios que sufrían y respiraban entre las viejas paredes. Lo que hoy vemos en los sueños es lo mismo que sabíamos entonces; que el mundo es un inmenso y destartalado cementerio, un solar triste donde una vez habitó gente como nosotros. Éste es un pequeño paseo por esa desolada geografía.
    La isla silenciosa

    Hubo un tiempo en que la isla de Hashima, en Japón, fue el lugar más densamente poblado del mundo. Más de 5.000 personas trabajaban y vivían allí gracias a la mina de carbón. En 1974 la empresa Mitshubishi decidió cerrar la mina y la isla se convirtió de la noche a la mañana en un lugar fantasma. Estremecen el recuerdo de la isla aún viva , y el espectro en el que se ha convertido después.
    Un gigante dormido

    El Hotel Ryugyong, en la capital de Corea del Norte, es el décimo edificio más alto del mundo. 105 pisos, 330 metros de altura, más de 3.000 habitaciones y millones de toneladas de hormigón descansan en el más absoluto de los abandonos. Sobre el horizonte de Pyongyang, el hotel vigila vacío y silencioso. En 1992 los arquitectos descubrieron que el hormigón no cumplía los requisitos de seguridad. Ya nunca se terminará.
    Bajo Madrid

    Madrid tiene su propia estación fantasma. Durante años, muchos hemos pegado la cara a la ventanilla entre las estaciones de Iglesia y Bilbao. A veces nos parecía ver una sombra, una extraña luz, un espectro que aún esperaba en el andén. El subsuelo de Madrid es rico en historias; ahora hay quien habla del parking fantasma, enterrado y silenciado durante años bajo el suelo de Ciudad Universitaria. Me cuentan que en Callao hay un garito situado en la última planta de un gran parking privado. A veinte metros bajo la superficie, en una planta vacía de coches, hay una puerta secreta por la que se accede al paraíso.
    La estación de Canfranc

    Situada en mitad de los Pirineos, la de Canfranc (Huesca) es la estación de ferrocarril más grande de España. El impresionante edificio albergaba la estación, un hospital y un hotel. En 1970, después de un accidente, los franceses dejaron de mandar trenes. Hoy es una inmensa mole abandonada en mitad de la nada.
    De entre las bombas
    En el verano de 1937, el pueblo de Belchite quedó totalmente arrasado durante una dura ofensiva. Años después de aquel horror, las ruinas del pueblo se mantienen intactas. Hay quien dice que entre las casas bombardeadas aún vagan las almas de los muertos. Aún así, en verano, algunos jóvenes se acercan para hacer botellón.
    El zoo de Los Ángeles

    En el Griffith Park de Los Angeles se esconde el antiguo zoo de la ciudad. Las autoridades decidieron cambiar su ubicación y abandonarlo. En las jaulas de las fieras pastorean ahora yonkis y graffiteros.
    Parques fantasma
    No hace mucho se difundían por todo el mundo estas impresionantes fotografías de un parque de atracciones abandonado en Japón. De él solo se sabe que está situado en algún lugar de la región de Touhoku. Hace unos años, una especie de fiebre llevó a la construcción de cientos de parques de atracciones en Japón. Pasada la moda, muchos se sumieron en la bancarrota y algunos ni se molestaron en desmantelarlos. Otros ejemplos de parques abandonados son los de Nueva Jersey, Arkansas o Berlín.
    La central maldita

    Las fotos de la noria fantasma de Japón, nunca resultarán tan inquietantes como las de Prypiat, la ciudad fantasma de Chernobil. "La gente tuvo que dejarlo todo; – dice uno de tantos testimonios – las fotos de sus abuelos, sus coches, su ropa... en cuestión de unas pocas horas todo su mundo se hizo pedazos".
    Cementerios marinos

    La Costa de los Esqueletos, en Namibia, alberga uno de los mayores cementerios de embarcaciones del mundo. A lo largo de sus más de 1.000 kilómetros se pueden observar los restos de decenas de barcos. La inaccesible costa limita con un inmenso desierto, lo que lo convierte en uno de los lugares más inexplorados del planeta. Son muchas las historias de marineros cuyo barco encalló en estas playas y que terminaron muriendo después de caminar durante días entre las dunas.
    En Chittagong (Bangladesh) está situado el mayor cementerio de petroleros del planeta. En esta inmensa playa vienen a morir petroleros de todas las nacionalidades, que son desguazados en condiciones infrahumanas por las gentes del lugar.
    El cementerio de barcos de Staten Island (Nueva York) también merece una visita. Allí van a morir barcos de todos los tamaños, edades y países. Un lugar con encanto.

    Las torres Maunsell

    A pocos kilómetros de la desembocadura del Támesis y construidas por los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial, estas gigantescas torres de defensa se diseñaron contra una posible invasión de los nazis. Derribaron aviones y barcos e incluso "atraparon" un submarino que las quería destruir. Cada torre tenía capacidad para 100 personas, alimentos y munición. Hoy están abandonas y algunos ingleses luchan para impedir su demolición.
    Otros lugares
    Internet está lleno de adictos a la arqueología urbana. Un paseo por la red nos puede llevar por bunkers, piscinas-fantasma, cementerios de aviones, de neumáticos, gasolineras, silos de misiles y hasta un viejo radar.
    Espero que cada uno encuentre una ruina con la que soñar.
    Más abandonos

    Fuente: Fogonazos